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Contrato de gas con New Fortress enciende alarmas sobre el futuro energético de Puerto Rico

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La reciente firma de un contrato entre la Autoridad de Energía Eléctrica de Puerto Rico (AEE) y la empresa New Fortress para la operación y conversión a gas natural de las unidades generadoras en la central termoeléctrica de San Juan ha encendido un intenso debate sobre el modelo energético que se proyecta para la isla. Este acuerdo, por un monto superior a los 500 millones de dólares y una vigencia de diez años, ha despertado preocupación en diversos sectores por sus implicaciones ambientales, económicas y estratégicas.

El contrato plantea la conversión de las unidades 5 y 6 de la central térmica de San Juan —que anteriormente funcionaban con diésel— a gas natural. A cambio, la empresa se encargará del suministro, operación y mantenimiento de esas unidades. Esta medida, según sus defensores, representa un paso hacia una generación más eficiente y menos contaminante. No obstante, críticos del acuerdo advierten que consolida la dependencia de Puerto Rico del gas natural importado, en lugar de transitar hacia un modelo basado en energías renovables.

Inquietud por la dependencia enérgetica

Uno de los aspectos más criticados del contrato es que fortifica una matriz energética basada en combustibles fósiles, lo cual va en contra de los compromisos climáticos que Puerto Rico ha adoptado. Varias voces del sector ambientalista han indicado que el acuerdo es inconsistente con la Ley 17 de 2019, la cual estipula una transición obligatoria hacia una generación eléctrica 100% renovable para el año 2050. La continuidad de las inversiones en infraestructura de gas genera dudas sobre la intención política y técnica de lograr ese objetivo.

Además, el contrato ha sido percibido por algunos analistas como una manifestación de la falta de planificación integral del sistema eléctrico. La contratación se concretó en medio de una transformación institucional del sector energético, con la entrada de empresas privadas como LUMA Energy para operar la transmisión y distribución de energía. Esto ha generado tensiones entre actores públicos y privados, dificultando la articulación de una política energética coherente y de largo plazo.

Aspectos económicos y contractuales en la mira

El contrato con New Fortress también ha sido criticado por la rapidez con la que se tramitó y por la supuesta falta de procesos competitivos en su adjudicación. Algunos sectores han pedido una mayor fiscalización sobre los términos del acuerdo, argumentando que comprometer fondos públicos por una década sin un análisis transparente de otras alternativas limita la capacidad del país para ajustar su estrategia energética en función de nuevas tecnologías o condiciones del mercado.

Los pagos establecidos en el contrato contemplan una tarifa fija de operación, así como costos variables asociados al combustible, lo que ha generado inquietudes sobre el impacto en la tarifa eléctrica para los consumidores. A pesar de que el gas natural se considera más barato que el diésel, los precios pueden fluctuar en los mercados internacionales, lo que introduce un factor de incertidumbre económica para los usuarios finales.

Impactos en el medio ambiente y la sociedad

El impacto ambiental del uso continuado de gas natural también ha sido motivo de preocupación. Aunque se considera una fuente menos contaminante que el petróleo, el gas natural sigue siendo un combustible fósil que emite gases de efecto invernadero. Además, las operaciones de descarga, almacenamiento y transporte del gas licuado en instalaciones cercanas a zonas pobladas han generado protestas de comunidades preocupadas por los riesgos para la salud y la seguridad.

Activistas por el medio ambiente han destacado que cada dólar destinado a infraestructuras de gas es una oportunidad desaprovechada para crear sistemas solares, eólicos o de almacenamiento energético. En un conjunto de islas con un gran potencial para la energía solar y eólica, la inversión en fuentes renovables podría ser no solo más sostenible, sino también un camino para disminuir la vulnerabilidad frente a fenómenos climáticos severos que impactan la cadena de suministro de combustibles fósiles.

Un debate que trasciende el contrato

El contrato firmado con New Fortress ha vuelto a abrir el debate sobre el futuro del sector energético en Puerto Rico. Ante la frecuencia de huracanes, cortes de electricidad y aumentos en las tarifas, la ciudadanía pide cambios profundos y duraderos. Según algunos especialistas, esta situación demuestra la importancia de replantear el sistema energético en su totalidad, abarcando desde la gestión institucional hasta las decisiones de inversión.

En este escenario, diversos sectores han solicitado que se dé prioridad a los proyectos de generación distribuida, redes eléctricas comunitarias y programas de eficiencia energética, en vez de seguir adelante con megaproyectos centralizados que dependen del gas natural. Además, se aboga por una mayor intervención ciudadana en la toma de decisiones, teniendo en cuenta que el sistema eléctrico influye directamente en la calidad de vida, la salud pública y el desarrollo económico de la isla.

Con el contrato ya en vigor, el desafío ahora será monitorear su implementación, exigir transparencia en los resultados y asegurar que las decisiones energéticas futuras estén alineadas con un modelo verdaderamente sustentable y resiliente para Puerto Rico.

Por Otilia Adame Luevano